Emociones colectivas, trauma y el temor al desorden 

Llevo unos años estudiando conflictos entre países, enfocándome principalmente en el rol de los líderes políticos y las emociones colectivas. Desde que comenzó el movimiento social en Chile, he estado reflexionando algunas cosas y las escribo como una especie de ejercicio de desahogo personal. Advierto que es largo, porque no pude reducir en pocos párrafos lo que ha pasado en estos días.

Quisiera partir hablando acerca de la gente, de la gente que “despertó” “que está cansada de abusos” “que tiene rabia contra el sistema” y también de la “gente que lo está destruyendo todo y no le importa nada”. Todo esto, por supuesto, existe. Chile, el “país ordenado, en donde las instituciones funcionan” (¿se acuerdan de esa frase caballito de batalla de los políticos para diferenciarnos de otros países Latinoamericanos?), se sostuvo por años gracias a nuestra obediencia. Nuestro “oasis” se mantuvo a punta de silencios y sumisión. La idea de despertar, originada desde la misma ciudadanía, es precisamente esa, l@s chilen@s, siempre silencios@s pensamos, por años, que todo el mundo estaba relativamente bien, y que si a nosotr@s no nos estaba yendo tan bien era nuestra culpa (siempre el día tiene más horas para trabajar más ¿o no?). Que si a una persona no le alcanzaba para llegar a fin de mes y tenía que comprar la comida de la semana en tres cuotas era normal, que si había que elegir entre tus medicamentos o los de tus hijos era normal, que si cuando llegaba el sueldo se iba todo al pago de las deudas para continuar nuevamente el mes en cifras rojas, era normal.

El movimiento social sacó a la gente a las calles, y la gente empezó a hablar, muchos se dieron cuenta que el sistema en Chile ES claramente abusivo, que NO es normal no llegar a fin de mes, que NO es normal no poder acceder a una buena salud o educación si no se tienen los medios económicos, que NO es normal que la gente que trabajó toda su vida llegue a la vejez con una pensión de hambre. Efectivamente, la gente despertó y despertó enojada, despertó de un pésimo sueño y no quiere volver a dormirse.

Respecto de la gente que lo destruye todo, el “lumpen”, la “violencia injustificada”. Este es un terreno complejo, y este es un ángulo para mirarlo: hace ya unos años, se habla de la existencia de las emociones colectivas y el rol que juegan en conflictos inter e intraestados. La emoción de rabia, esa que siente mucha gente ahora, es en general movilizadora, y así se ha visto, la gente se junta, marcha, hace cabildos, saca toda la creatividad para demostrar el descontento y espera con eso generar cambios concretos. Pero está el otro lado, el odio, ese grupo que no podemos obviar está movilizado por una emoción diferente, que sólo se refleja conductualmente en destrucción. Much@s no entienden por qué alguien querría destruirlo todo, y lo encuentran “injustificable”. El asunto es que teóricamente lo es, para qué voy a dar la lata de cómo el sistema ha sido enormemente violento con un montón de gente, cómo el sistema ha excluido dolorosamente a un importante grupo de chilenos (imagino que a estas alturas tod@s lo saben). ¿Qué sensación de pertenencia puede tener alguien al que nunca le ha pertenecido nada? ¿por qué alguien que fue despojado de sus derechos más básicos, tendría que seguir las reglas del mismo juego que lo excluyó desde que nació? Personalmente, más que la idea de que “el lumpen se está aprovechando de la situación para destruir” a mí me extraña que no lo haya hecho antes, porque hasta eso teníamos guardado bajo la alfombra. Tal como lo leí por ahí, no sentir odio parece ser un privilegio.

¿Pudimos haber evitado todo esto? Claramente, han sido años de malas gestiones por parte de los distintos gobiernos post-dictadura que han creado y perpetuado las injusticias del sistema apelando al silencio obediente de l@s chilen@s. Entendiendo que el descontento no es tan solo producto de este gobierno ¿se podría haber evitado el nivel de destrucción al que hemos llegado en estos días? Pienso que sí, muchas de las decisiones que se han tomado han hecho que el conflicto escale, mencionaré solamente el estado de excepción como gran ejemplo. Quienes no están familiarizados con la historia de Chile podrían pensar que sacar a los militares armados a la calle no es un gran problema y no se explican por qué generó tanto rechazo. Esto “inexplicable” sí tiene explicación teórica, y tiene que ver con el trauma y la memoria colectiva. El fantasma de la dictadura, aunque algun@s no quieran aceptarlo, sigue muy presente, los cuerpos de nuestr@s muert@s están aún tibios y los recuerdos en las mentes de quienes fueron cobardemente torturad@s están aún muy frescos. En Chile aún hay generaciones que tienen madres, padres, herman@s, abuel@s, amig@s desaparecid@s. El temor, la pena y el odio aún viven en nuestra memoria, que es una memoria demasiado reciente. “Abracen a sus padres” decían por ahí en el twitter, que con esto están reviviendo los peores tiempos de sus vidas.

Cuando digo que “quienes no están familiarizados con la historia de Chile piensan que sacar a los militares no es un gran problema” lo digo como una especie de ironía porque nuestros gobernantes debiesen estar familiarizados con eso ¿o no? El presidente Piñera no tan sólo fue indolente con la historia de su propio pueblo, sino que también fue irresponsable con sus propias Fuerzas Armadas. ¿Alguien por ahí puede creer que un@ chic@, generalmente de los sectores más vulnerables de nuestro país, que está haciendo el servicio militar pudo entender la enorme responsabilidad que le estaban tirando encima? ¿era necesario hacer de es@s chic@s el receptáculo de la rabia y odio de una gran parte de la sociedad? Personalmente creo que no. De todos los que estuvieron a cargo de esta situación, resultó ser el General Iturriaga quién tuvo más conciencia de lo que estaba ocurriendo y quien dijo fuerte y claro que él (y por lo tanto el ejército de Chile) NO estaba en guerra con la ciudadanía. Hay trascendidos que el Ejército se negó a retomar el estado de emergencia antes de ayer. Y aquí puedo decir dos cosas, por un lado, me alegra que los altos mandos del Ejército hayan decidido no continuar manchando su institución de sangre y proteger a su propio personal. Por otro lado, si esto fuese cierto, sería una de las cosas más graves que puede pasar para la institucionalidad democrática de un país, el poder militar NO se subordinó al poder civil. Esto, por donde se lo mire, es gravísimo. El siguiente paso, sería “amablemente” invitar al presidente a salir (como se lo hicieron a Evo en Bolivia).

Respecto de las violaciones a los DDHH, sólo me referiré a una cosa, para mí bastante dolorosa. Además de todos los horrores que se han cometido, lo que me ha llegado profundamente es el desconocimiento de las personas acerca de sus derechos y la justificación de los abusos. Ni siquiera me referiré a los manifestantes pacíficos, los que claramente nunca debieron recibir el tipo de represión que han recibido. Me referiré a los que sí están cometiendo delitos y a los que la policía sí tiene el deber de frenar. El rol de la policía es tomar a estas personas, llevarlos detenidos y dejarlos a disposición de la justicia para que comience un debido proceso. Absolutamente NADA justifica los golpes cuando ya alguien no está poniendo resistencia, absolutamente NADA justifica las torturas. Si a usted como ciudadano le dan ganas de tomar a todos los que están destruyendo y “matarlos” como he leído por ahí, es justamente por esa razón por la que usted no está en la calle haciendo el trabajo de la policía. Aquí NO corre el ojo por ojo diente por diente, aunque a usted le den muchas ganas de que así sea.

¿Qué se hace ahora? Y acá ya hablo con mi camiseta de académica ya casi finalizando mi doctorado en Ciencia Política y Estudios Internacionales. Digo que me pongo la camiseta para hablar desde mi posición de académica porque creo que la academia en Chile (o que estudia a Chile) no está diciendo, por distintas razones, algo que para mí es evidente. Piñera debe salir de su cargo. Cuando recién comenzó el movimiento hace algunas semanas por mi cabeza nunca pasó la idea de que Piñera no debería terminar su gobierno. ¿Por qué? “Porque, aunque no nos guste, fue elegido democráticamente y eso se debe respetar” “Porque en Chile las instituciones funcionan (para que no se olviden de esa parte) y sería arriesgar la estabilidad y la democracia” “Porque hay que jugar cumpliendo las reglas del juego”

El problema surge cuando las reglas del juego se dejan de cumplir por parte, en este caso, del Estado. Las reglas del juego se dejan de cumplir cuando hay una grave violación a los Derechos Humanos, cuando el gobierno NO está ejerciendo una conducción política que le permita proteger a sus propios ciudadanos. Las reglas del juego democrático en Chile, se perdieron cuando bajo las órdenes de un gobierno se ha asesinado, golpeado, abusado y dejado ciegos a sus propios ciudadanos.

Me impresiona el temor que hay tanto en la oposición como en la academia para incluso pensar que el Presidente de la República de Chile DEBE dejar su cargo. Nadie quiere ser acusado de antidemocrático, nadie quiere ser un país “bananero” en donde las instituciones NO funcionan. Veo a much@s hablando de la necesidad de diálogo, de la relevancia de una nueva constitución, y no puedo estar más de acuerdo. Pero ojo, quedarse callado por puro conservadurismo y no decir nada frente a la idea que un presidente se mantenga en el poder luego de que bajo su gobierno se hayan violado los DDHH y de haber dejado caer al país en una de las peores crisis de su historia, es tremendamente irresponsable. La clase política tiene el deber no tan sólo político, sino que tiene el deber moral de detener esta situación y castigar a quienes han sido responsables de este escalamiento de la crisis, si no lo hacen, la historia los recordará para siempre como agentes pasivos de la destrucción de Chile. Y la academia tiene el deber de mirar un poco más allá de sus conservadurismos teóricos y dar cuenta que, a pesar de las restricciones de los sistemas presidencialistas, la posibilidad de salida en situaciones de crisis existe. Si tienen miedo a parecer antidemocráticos y bananeros, pueden usar como comparación lo que pasa en Estados Unidos, el “gran bastión de la democracia” en el que la figura del impeachment y la renuncia existen (Hello Nixon!)

Alguien por ahí puede decir, pero “si se va Piñera las cosas igual no van a cambiar” “esto viene de otros gobiernos” o “no es culpa de Piñera”. Mi respuesta a esas preguntas es la siguiente, sí las cosas cambiarían, sí viene gestándose hace años y lo que ocurre ahora sí es culpa de Piñera. ¿Por qué si se va el presidente Piñera la gente se calmaría? Porque por si no se han dado cuenta, este movimiento ha estado repleto de simbolismos, desde cambiar el nombre de la Plaza Italia por Plaza Dignidad a decapitar colonizadores y llamarles por su nombre: genocidas. La caída de Piñera es necesaria no tan sólo por la grave violación a los DDHH, sino porque su caída es simbólica porque en este minuto él representa todo lo que la gente quiere que caiga, la gente necesita ver caer el sistema en la persona de Piñera, la gente necesita sentir que ganó algo con toda esta destrucción y días en las calles. Respecto a “qué esto viene de otros gobiernos y que la culpa no es de Piñera solamente” Nuevamente sí y sí, porque bajo el sistema presidencialista, este tipo de decisiones tan relevantes para el país, recaen en la figura del presidente. Por ahí leí el otro día un tweet de Pía Lombardo, académica de la Universidad de Chile, quien escribió algo que me hizo mucho sentido “the buck stops here” la frase que tenía en su escritorio el presidente de Estados Unidos Harry Truman. ¿Qué quiere decir? que es el presidente quien toma las decisiones y quien en último lugar acepta las responsabilidades por aquellas decisiones.

El presidente Piñera tomó pésimas decisiones, decisiones que en este momento no tiene cómo revertir. El presidente Piñera se tiene que ir y tanto la academia como la oposición no pueden seguir manteniendo la conversación de pasillo y callando lo evidente.

El presidente Piñera se TIENE QUE IR

 

Por Consuelo Thiers

 

 

 

Autor: Consuelo Thiers Huerta

PhD Researcher in Politics and International Relations, University of Edinburgh

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