Al Chile que llegué

Llegué a Chile hace tres días, adelanté mis pasajes porque no pude seguir tan lejos de lo que estaba ocurriendo. A los chilenos que estamos en el extranjero nos llega toda la información, noticias, trascendidos, etc. pero creo que la angustia más grande es no tener claro el “sentir” de la gente o lo que está pasando en las calles. Este texto va para ell@s, pero también para aquellos chilenos y chilenas que han estado tan presentes que tal vez ya han naturalizado cosas que antes nunca pensaron que ocurrirían. Ojo, que es esto es sólo una descripción personal de lo que he visto hasta ahora, no pretendo en absoluto cubrir todos los flancos ni dar una visión comprehensiva (ni académica) de todo.

Salí por primera vez a la Plaza de la Dignidad el lunes para la marcha feminista, todos los días desde las cinco de la tarde, la plaza se “cierra” para dar paso a los manifestantes. Caminé con mi hermano por distintos lugares desde Salvador hasta el metro Católica, él ha estado reporteando en las calles todos los días desde que partió este “estallido social” y me llevó a los lugares en donde la prensa no llega (ni muchos en Santiago). En este artículo, él hace una mejor descripción que yo, pero les contaré esto con mis ojos de novata.

Aunque parezca extraño, en esa pequeña parte de la ciudad hay distintos sectores, bien marcados, uno en donde están los manifestantes hablando, cantando, etc. y otros en donde hay crudos enfrentamientos entre Carabineros y manifestantes. Desde más o menos el metro Salvador hasta Baquedano la calle se ha convertido en un espacio de reunión, comercio callejero, manifestaciones, música, etc. Hay vendedores de banderas chilenas y mapuches, de pañuelos verdes, morados y rojos (por el matapaco), de empanadas, handrolls, churros, cerveza, mojitos con menta y albahaca (es en serio). Mientras más se avanza hacia el metro Católica, la cosa se pone un poco más fea, surrealista diría yo. La estación de metro Baquedano ya no existe, es un receptáculo de escombros, piedras y basuras varias. El olor a lacrimógena es bastante insoportable, la única manera de estar ahí es con pañuelos o máscaras.

El nivel de organización de quienes se manifiestan es bastante sorprendente, también la sensación de comunidad que se da es impresionante. La gente se cuida dentro de lo que puede, “hermano ¿quiere agüita con bicarbonato?” cuando las lacrimógenas no dejan ver, “ahí viene una lacrimógena, cuidado cuidado” gritan algunos, mientras otros corren a apagarla con guantes y un bidón de agua. Menciono esto para que se entienda un poco lo que está ocurriendo; el haber visto a unos dos metros de distancia la caída de una lacrimógena, implica que fácilmente podría haberme llegado a la cara y haber corrido una suerte similar a Fabiola Campillai, quien ayer perdió sus dos ojos. Si le ocurrió esto a ella que ni siquiera estaba participando de las manifestaciones, imagínense a quienes sí están en la calle protestando.

Un tema aparte son los chicos y chicas de la “primera línea”, jóvenes que rondan entre los 15 y 20 años y que son quienes enfrentan a carabineros directamente protegidos con escudos de lata, máscaras y guantes especiales para detener las bombas lacrimógenas. La gente que está ahí y que sabe de los enfrentamientos (ojo, no todos están mirando ese lado de la Alameda), les tiene confianza y respeto. Lo viví, cuando carabineros nos hizo una “encerrona”, que es cuando tratan de entrar desde distintos lados a reprimir a la gente (hace unos días las encerronas fueron tales que la gente terminó tirándose por el puente al río Mapocho), me quedé en la mitad de la Alameda, sin saber para dónde correr. Lo único que se podía hacer era tratar de protegerse un poco agachados y quedarse cerca de la muralla. Ahí, la gente espera (y llama) a la primera línea, para que salgan a hacer de escudo humano para que el resto pudiese correr (nuevamente, esto es literal). “Tranqui, que ahora sale la primera línea y arrancamos” me dijo mi hermano. Cuando se desocupó un poco la calle pudimos correr “no mires para atrás que cuando ves a la gente corriendo te desesperas y te puedes caer” otra vez mi hermano.

Mientras esto ocurría pude ver a los observadores de DDHH y a los voluntarios que dan primeros auxilios (y en algunos casos el único auxilio) a los manifestantes. Es bastante impresionante ver a los voluntarios, andan afirmados del brazo con máscaras antigases y escudos (sí, leyó bien, escudos) para evitar ser golpeados por las lacrimógenas o perdigones. Vi a un chico salir en camilla, herido y a la ambulancia entrar a la plaza mientras la gente les daba paso rápidamente. Hay en esas calles varios lugares, bastante precarios en donde se ubican los voluntarios, “primeros auxilios autogestionados” dice uno de ellos al lado de una iglesia cercana. Si soy honesta, creo que es de las cosas más fuertes que me ha tocado ver, partes de Santiago parecen una zona de guerra. La verdad, aún no me queda muy claro cuál es el objetivo de estos enfrentamientos, no entiendo muy bien para qué las bombas lacrimógenas y cuál es el objetivo de Carabineros en ese lugar. No sé qué es exactamente lo que están tratando de defender porque definitivamente no es el orden público. Usted dirá, que están defendiendo los negocios cercanos de saqueos, pero desde lo que observé este tampoco es el caso. Muchos de los negocios continúan funcionando durante el día sin “protección” alguna de Carabineros. Lo de los negocios y saqueos es tema aparte y lo comentaré un poco más adelante. Por ahora quiero comentar que lo que vi me hizo recordar mucho, obviamente en escala muchísimo menor, los enfrentamientos entre capuchas y Carabineros en Gómez Millas en donde hice mi pregrado (Pablo Ortuzar se refirió a esto en este link). Prácticamente tod@s sabíamos que en ciertas fechas un grupo de Carabineros se pararía por la calle Ignacio Carrera Pinto a “pelear” con los capuchas, la dinámica era siempre igual, los pacos tiraban lacrimógenas mientras los capuchas les respondían con piedrazos o molotovs. Ese día el resto de los estudiantes o no íbamos a la facultad o nos teníamos que quedar hasta que ambos grupos se aburrieran de tirarse cosas. La gran diferencia es que, en este caso, esto no es un “juego” de un día o dos entre un grupo de capuchas y carabineros, en este caso se está afectando al país completo durante los últimos cuarenta días, dejando una sensación de inseguridad y miedo en la población. Un ejemplo más de la puerilidad de Carabineros (no puedo visualizarlo de otra manera) fue un pequeño incidente que vi mientras caminaba por el Parque Bustamante en donde hay un cuartel o retén (no sé cómo llamarle) en una de las entradas al metro en dónde la gente no tiene acceso. Un grupo de jóvenes le gritaba una serie de ofensas a Carabineros que estaban en el subterráneo, me paré porque por un momento pensé que tenían a uno de ellos atrapado y por los gritos me asusté. Resulta que no, que los chicos estaban ahí gritando todo tipo de cosas, mientras Carabineros les respondían desde abajo. Pregunté a un chico qué estaban haciendo y me responde “hay unos pacos ahí abajo y están peleándose”, le pregunté si Carabineros respondían y me dijo “sí, son weones”.

Luego de la “iniciación” en protestas que tuve el lunes, el martes y miércoles salí a caminar por varias horas, desde Tobalaba hasta La Moneda. Las calles son otras, la fachada de las casas, negocios, murallas, y diría toda superficie están llenas de rayados, dibujos, papeles, consignas, etc. La gente está hablando de política en todos lados, es la misma sensación que tuve después del terremoto del 2010, todos queríamos hablar de lo que había pasado. Las consignas y rayados en las calles son variados, pero siguen una misma línea, en su mayoría están dirigidas a Carabineros “pacos violadores, asesinos, pacos qls, que se acaben los pacos, paco muerto no viola, ACAB (all cops are bastards)”. Se ve mucha rabia, muchas imágenes que simbolizan la pérdida de los ojos por los balines “de goma” de Carabineros, mucho perro “matapaco” por todos lados, mucha “amenaza” como “todas las balas se te devolverán”. También hay bastante alusión a Piñera “Piñera ql, renuncia Piñera” “no queremos tu renuncia, queremos tu cabeza, Piñera a la guillotina” se lee un rayado cerca de la Católica. Hay también bastante consigna feminista “la paca no es sorora” en una muralla del Forestal. No más AFP, hasta que la dignidad se haga costumbre, aborto libre, educación gratuita, etc, etc. Caminar por Santiago es una sorpresa diaria, porque todos los días hay algo nuevo. El martes en la noche, por ejemplo, un grupo “pro Carabineros” salió a pintar sobre todos los rayados. Pusieron pintura verde y escribieron “gracias carabineros”, también pintaron de verde la estatua del matapacos y luego la quemaron al día siguiente. Los “pro Carabineros” parecen ser más madrugadores, porque aparecen cuando ya nadie está en las calles.

Respecto de los negocios y empresas es bastante interesante ver hacia dónde está dirigida la rabia de la población. Todas las cadenas de farmacia por el sector que he caminado están “blindadas”, lo mismo con los bancos, AFPs, McDonald’s, Starbucks. Justo al lado de estos grandes blindados hay otros negocios, con sus puertas abiertas, atendiendo público. Es posible ver muchos negocios con carteles que dicen “este es un negocio familiar”, es interesante, pero esos carteles hablan mucho acerca del objetivo del movimiento social. Con esto no estoy negando el ataque a negocios pequeños que ha ocurrido, claramente, lo que está pasando está lejos de ser lineal.

Las calles de Santiago están vivas, la gente se tomó las calles y no veo intención de soltarlas prontamente. La creatividad, la claridad de las consignas y fuerza que he visto en la gente han sido de verdad impresionantes. La violencia que se está dando en la actualidad me preocupa mucho, pero ese es tema para otro blog. Lo único que puedo decir es que en tres días he aprendido más de política que posiblemente los tres años que llevo haciendo mi doctorado.

Consuelo Thiers

 

Autor: Consuelo Thiers Huerta

PhD Researcher in Politics and International Relations, University of Edinburgh

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